El combustible que mantiene vivo al alpinista

Por un especialista en periodismo de deportes extremos

En la alta montaña, la comida no es un simple acompañamiento: es una herramienta de supervivencia. A medida que asciendes y el oxígeno disminuye, tu cuerpo trabaja al máximo para mantenerte en movimiento, generar calor y tomar decisiones rápidas en un ambiente que no perdona descuidos. Por eso, la alimentación adecuada se convierte en la clave para mantenerse fuerte, lúcido y seguro en cada metro de ascenso.

Aquí encontrarás una guía práctica y experta sobre cómo alimentar tu cuerpo antes, durante y después de una expedición de alta montaña.


1. El principio básico: comer para producir energía y calor

En altura, tu organismo quema más calorías de lo normal. El frío acelera el metabolismo, el esfuerzo físico es constante y la aclimatación demanda recursos adicionales. Por eso, la regla de oro es comer suficiente, comer variado y comer con frecuencia.


2. Antes del ascenso: prepara tu motor

Los días previos a una subida importante deben centrarse en reservar energía y asegurar una digestión óptima.

  • Carbohidratos complejos: pasta, arroz, avena, pan integral

  • Proteínas magras: pollo, pescado, huevo

  • Hidratación constante: agua, electrolitos y bebidas isotónicas

  • Evita comidas pesadas o con demasiada grasa, que dificultan la digestión y el sueño

La idea es llegar al día del ascenso con depósitos de glucógeno llenos y un sistema digestivo estable.


3. Durante la expedición: energía constante en pequeñas dosis

La altura limita el apetito, pero tu cuerpo sigue necesitando combustible. Por eso, lo ideal es comer poco pero seguido, cada 60–90 minutos.

Recomendaciones:

  • Snacks rápidos y calóricos: frutos secos, chocolate, barras energéticas

  • Carbohidratos de absorción rápida: geles, gomitas, pan con miel

  • Sopas instantáneas o ramen en descansos largos, para añadir sal y calor

  • Frutas deshidratadas: ligeras, prácticas y ricas en azúcar natural

Recuerda: si esperas a tener hambre, ya vas tarde.


4. Hidratación: la clave que muchos olvidan

La deshidratación en altura es uno de los peligros silenciosos. El aire frío y seco acelera la pérdida de líquidos y, al no sentir sed, es fácil descuidarse.

Consejos:

  • Bebe pequeños sorbos cada 15–20 minutos

  • Lleva electrolitos para reponer sales

  • Mantén el agua protegida dentro de la mochila para que no se congele

  • Un termo con bebida caliente puede cambiar por completo tu rendimiento


5. En campamentos de altura: calorías estratégicas

Cuando llegas a un campamento base o intermedio, es momento de recuperar energía con una comida más completa.

Opciones ideales:

  • Pasta o arroz con proteínas (atún, huevo, pollo liofilizado)

  • Purés instantáneos con tocino o queso

  • Comidas liofilizadas diseñadas para alta montaña

  • Sopas calientes para mantener la temperatura corporal

Son alimentos fáciles de preparar, ligeros de cargar y muy energéticos.


6. El factor sal y grasa: aliados contra el frío

Aunque en la vida diaria solemos evitar excesos, en la montaña las grasas buenas y la sal son amigas:

  • Quesos

  • Embutidos

  • Mantequilla de maní

  • Nueces y semillas

Aportan energía sostenida y ayudan al cuerpo a conservar calor.


7. Después del ascenso: recuperación inteligente

Una vez de regreso al refugio o base:

  • Consume proteínas y carbohidratos en los primeros 30–40 minutos

  • Hidrátate con electrolitos

  • Ingiera algo caliente (té, sopa) para facilitar la digestión

  • Evita alcohol, ya que deshidrata y afecta el descanso

La recuperación es tan importante como el esfuerzo.


comer en la montaña es una estrategia, no un gusto

La alimentación en alta montaña es una maniobra calculada. Cada bocado debe cumplir un propósito: dar energía, mantener calor, facilitar la aclimatación o permitir la recuperación. Ignorar este factor puede comprometer no solo el rendimiento, sino la seguridad.

Una expedición bien alimentada es una expedición más fuerte, más estable y más consciente del entorno extremo que la rodea.